SEGUNDA
PARTE CAPITULO
14 Diversos
Escenarios Antes
de comenzar con los ejercicios deseamos exponer otros ejemplos
que te darán un mayor panorama de cómo el miedo,
el rechazo, las promesas, y la culpa actúan en el individuo,
tejiéndose la trama de la telaraña de mentiras y
malos entendidos que confunden la mente y los sentimientos del
ser humano.
Es posible que te puedas identificar con alguno de los casos que
se presentan. Si te sientes incómodo a medida que vas leyendo,
por favor continúa, el Enemigo Interior intentará
parar tu lectura para que no continúes, haciéndote
sentir que esta información no funcionará o tratará
de persuadirte para que no logres tu propósito de liberarte
emocionalmente; sobreponte y continúa.
Promesas realizadas antes del nacimiento:
Martha: Soy divorciada, con un hijo de ocho
años, me divorcié cuando el niño tenía
tres. Desde hace cinco años vivo con alguien con quien
ya no quiero estar, pero no encuentro la forma de salir de esta
situación, he buscado trabajo pero no me siento con energía
para trabajar, me quiero separar y necesito trabajar. Siento que
no merezco mucho. Me siento muy culpable con mi hijo porque no
he podido darle lo que yo soñaba: una familia estable,
con todo lo necesario, y aunque no nos falta nada, la relación
con mi pareja es mala, conmigo y con mi hijo.
He cometido muchos errores en mi vida y me siento avergonzada
de mí misma. Estudié una carrera que no ejerzo,
sé muchas cosas pero no me siento capaz de hacer nada,
no tengo nada; tenía casa, coche y dinero en el banco,
cuando me uní a mi pareja confié en él, vendí
mis propiedades y le presté el dinero sin firmar ningún
documento. El dinero que tenía en el banco también
se lo fui prestando para gastos de casa y demás, creí
que me lo repondría -pero no lo va a hacer-; me dijo que
no me devolverá ni un centavo, me siento abusada y estúpida.
El es agresivo pasivo, le tengo miedo, he visto que en su negocio
ha hecho cosas deshonestas, no me gusta pero no puedo decir nada.
Ya no sé qué hacer, tengo ganas de huir pero no
tengo ni cómo ni adonde ir.
Siempre tengo la sensación de que estoy haciendo algo mal,
me siento culpable casi de todo. No tengo amigas, la relación
con las mujeres siempre me ha sido difícil.
Este es el resumen de la primera entrevista con Martha, para ella
los motivos aparentes de su angustia y confusión provenían
de la situación actual en su vida. Sabía que se
sentía culpable por muchas situaciones, siendo éstas
las más relevantes para ella en ese momento.
En la segunda sesión Martha; decidió buscar el problema
desde la raíz, por lo que la llevé al recuerdo dentro
del vientre de su madre:
-Siento frío... mi mamá está enojada, no
quiere estar embarazada, se quieren divorciar... no me esperan.
Me siento incómoda, quiero regresar de donde vengo, pero...
no puedo, me tengo que quedar. Estoy causando problemas... no
debí haber llegado, por mi culpa ella está enojada,
no me quiere tener. Le prometí ser buena, cuidarla siempre...
vas a estar orgullosa de mí...
Martha entendió su culpa y la sensación de estar
haciendo algo malo se originó en el vientre de la madre,
su sensación de no merecer se relaciona con no tener un
lugar en la familia porque no la esperaban. Su madre no la quería,
así que para tener un propósito de vivir hizo las
promesas.
En el desarrollo de las siguientes sesiones encontró que
constantemente se sentía rechazada por la madre:
Recuerdo que de niña, cuando me acercaba a abrazarla,
normalmente me decía enojada:
-¡Quítate!, ¿qué, no vez que estoy
ocupada?, ¡siempre estorbando!
Me hacía sentir muy mal, era como si algo malo le estuviera
haciendo. Tanto mi padre como mi madre siempre me critican, son
perfeccionistas, nada de lo que hago está bien, si llegaran
a aprobarlo de todas maneras encuentran el punto negro en todo
lo que digo, hago o sobre mi persona. Mi padre es muy metódico,
lo que sale de su estructura está equivocado, critica mis
creencias y forma de vivir. Mi madre es un poco más frívola,
critica mi forma de vestir, de peinarme, de hablar, por ejemplo:
cuando me arreglo y luzco bien a los ojos de mis amigos, ella
siempre tiene algo negativo que decir:
-Te ves bien, pero arréglate un poco el cabello, ¿no
vas a salir así?
Si estoy en mi peso ideal, haciendo ejercicio, mi madre dirá:
-Deberías guardar dieta, estas gorda.
Y mi padre, porque no estoy de acuerdo con sus ideas en relación
a la vida o al trabajo, me dice cosas como:
-No entiendo lo que haces, tus ideas sobre la vida son muy raras,
nunca vas a madurar..., eres una inadaptada..., a cualquiera desesperas...
Mi madre acostumbra decirme que a ella le hubiera gustado haber
estudiado una carrera y piano, así como haber podido trabajar;
me dice que tengo mucha suerte y le hubiera gustado estar en mi
lugar. En algunas ocasiones ha llegado a decirme que me tiene
envidia de la buena. De niña me decía:
-Agradece lo que te damos, a mí me hubiera gustado haber
tenido las oportunidades que tienes, yo nunca tuve lo que tú.
Ella nunca preguntó si yo quería estudiar piano
o no, solamente me lo impuso y la verdad no me gusta, seguí
estudiando por complacerla. En una ocasión toqué
en un recital donde me dieron un reconocimiento (no fue nada importante),
pero mi madre en lugar de felicitarme me dijo:
-Tocaste bien, pero los zapatos que traes no van con tu vestido
y se notaba mucho cuando estabas sentada al piano.
Sólo a ella no le gustaron... Por más que me esfuerzo
nunca puedo hacerlos sentirse orgullosos de mí, mis calificaciones
en la escuela y la universidad fueron buenas, sin embargo nunca
fue suficiente, constantemente me recordaban que mi hermano tenía
mejores calificaciones que yo y que debía ser como él,
nada de lo que hacía estaba bien.
No sé porqué no puedo satisfacerlos, me siento una
perdedora, trato de sobresalir pero nunca lo logro, una de las
cosas que siempre me pasa, es que ya que estoy alcanzando el éxito,
algo sucede o simplemente abandono lo que por mucho tiempo luché
por lograr. Abandono todo... no termino, pierdo interés.
Siempre me he sentido fracasada. Siempre pienso qué dirán
mis papás, siento miedo de su crítica, vergüenza
y culpa. Me gustaría que se sintieran orgullosos de mí
pero no lo logro.
Hemos de recordar que una de las promesas que Martha hizo a la
madre estando en su vientre fue: "Vas a estar orgullosa de
mí", el no poder cumplir la promesa la hace sentir
que está fallando en su falso propósito de vida,
ya que la promesa la hace creer que nació para satisfacer
a los padres. Martha jamás podrá complacer a su
mamá celosa, ya que la madre se quedó con el deseo
de realizar muchas cosas como las que Martha hace, por lo tanto
esta promesa será imposible de cumplir.
Cuando entré a la universidad salí de casa de mis
padres. Comencé a estudiar pero me sentía sola,
me sentí muy culpable por el enorme esfuerzo económico
que mis padres me decían estaban haciendo para sostenerme
en la universidad, todos los fines de semana los visitaba. Todo
el tiempo tenía la sensación de que estaba haciendo
mal por estar fuera de mi casa, era como si no hubiera pedido
permiso.
Terminé la carrera y me quedé a vivir en la misma
ciudad, no regresé a casa, tuve logros y pude haber tenido
más pero no creí que podría tener éxito.
Me ofrecieron varios trabajos... tenía mucho miedo de no
ser capaz así que los rechazaba o simplemente no llegaba
a la cita. El trabajo que acepté era mediocre y yo lo sabía,
aunque mis jefes me felicitaban por mi labor yo fui muy severa
para juzgarme y jamás estuve satisfecha con lo que hacía.
Nunca he creído en mí.
Mis padres no aceptaron al hombre con el que me casé, éramos
compañeros de trabajo, sabía que era mediocre como
yo, creí que era la pareja perfecta, aunque físicamente
no me gustaba nos llevábamos bien. Nos estábamos
volviendo alcohólicos bebíamos todos los días,
nuestra relación se deterioró, nos divorciamos al
poco tiempo de que nació mi hijo. Una vez más me
sentía fracasada y avergonzada con mis padres, sabía
lo que me iban a decir:
-Te dijimos que no te casaras con ese hombre...
Por primera vez me sentí apoyada, mis padres me permitieron
regresar a su casa. Yo trabajaba todo el día y mi madre
cuidaba al niño... Dejó de llamarme mamá.
Yo estaba enojada y me sentía culpable porque creía
que era una carga para mis padres por estar en su casa; además
me sentía culpable con mi hijo por haberlo dejado sin padre,
por eso permití que les dijera papá y mamá
a mis padres y a mí me llamara por mi nombre".
Años después encontré al hombre con el que
ahora vivo, me siento perdida con él, mis padres lo quieren
mucho pero yo no lo soporto más, me critica todo el tiempo,
es arrogante -se parece mucho a mi madre-, me ha quitado todos
mis bienes, hasta la poca dignidad que tenía; mi hijo no
lo quiere. Tengo miedo de dejarlo porque no sé qué
pensarán mis padres, no tengo adónde ir y tendría
que regresar con ellos, no quiero porque sé que se sentirán
muy defraudados, una vez más su hija fracasa.
Martha no podía sobresalir en ningún trabajo, ya
que si sobresalía su madre la envidiaría. (Recordemos
que la parte niña o adolescente -negativa- de los padres
que sienten celos o envidia de los hijos, hace que el hijo se
sienta culpable por creer que está haciendo algo malo).
La culpa que Martha sentía aunada a la promesa de ser buena,
imposibilitó que ella tuviera éxitos, pues cuando
esto ocurría la madre se ponía celosa, la criticaba
haciéndola sentir culpable y fracasada, ya que su falso
propósito de vida -las promesas-, no las estaba cumpliendo,
por lo que Martha creía que no merecía ser feliz
y exitosa.
Por otro lado, la promesa de estar siempre con ella hizo imposible
que Martha tuviera buenos empleos, impedían que Martha
regresara a cumplir con la promesa de estar siempre con ella.
Al casarse inconscientemente escoge una pareja que no le gusta;
primero porque no merece nada bueno por no estar cumpliendo su
promesa y, segundo, esta persona "mediocre" (como Martha
le llamó) le garantiza un rompimiento para poder regresar
a casa a cuidar de la madre, también estará libre
de la envidia materna al no tener una pareja que la madre hubiera
deseado tener.
Como último, debido a que Martha no pudo hacer que los
padres se sintieran orgullosos de ella, creía que no merecía
nada por lo que permitió que su hijo le dejara de llamar
mamá. Encuentra una segunda pareja que le quita todo lo
que ella posee, Martha lo permite como una forma de castigo por
haber incumplido la promesa de ser buena, pues al divorciarse
causó que los padres no estuvieran orgullosos de ella.
Escoge a su segunda pareja como castigo por su mal comportamiento,
cediéndole todos sus bienes y teniéndole miedo.
El Enemigo Interior de Martha le hace creer que no merece nada,
ni siquiera su libertad.
Martha estaba atrapada, nunca iba a poder cumplir la promesa de
hacer que los padres estuvieran orgullosos de ella: si Martha
destacaba en alguna actividad en su vida con el propósito
de satisfacer la promesa, corría el riesgo de que la madre
se encelara y no la haría feliz, así que estaría
incumpliendo la otra promesa de ser buena. De todas formas Martha
incumplía con las promesas contrayendo culpa y castigo.
Al no cumplir el falso propósito de vida (promesas), el
individuo tiene la fantasía de que va a morir. El Enemigo
Interior a través de la Mente Mentirosa envía la
sentencia final: El propósito por el que nací es
el de complacer a mis padres y no lo he logrado, por lo tanto
voy a morir.
Pero, ¿quién quiere morir? ¡Nadie! Afortunadamente
nos aferramos a la vida y nuestro Ser Superior nos invita a seguir
adelante, mas el peso de la promesa incumplida continúa
recordando que eres malo. Entonces se negocia con la vida: castigo
en lugar de muerte.
Se escoge un sinnúmero de pequeños o grandes castigos
para seguir teniendo derecho a vivir. ¿Cuántas personas
comienzan a reír, disfrutan hablando de sus enfermedades
o accidentes, y se sienten mejor después de haber pasado
una cirugía, hueso roto, o después de un fuerte
accidente? Todo esto es porque han pagado la cuota de dolor por
su falsa maldad que les permitirá seguir viviendo.
Promesas hechas después del nacimiento:
Lilly: Tenía seis años cuando
mi hermana mayor -hija del primer matrimonio de mi madre- murió
en el parto. Estábamos en la casa cuando mamá recibió
la noticia, lloraba profundamente y le pregunté qué
pasaba, me dijo:
-Tu hermana murió y yo con ella.
Me asusté mucho y le dije:
-No, no te mueras, voy a hacer lo que tú digas, voy a ser
buena, siempre estaré contigo y te cuidaré, no me
dejes.
Durante tres años vistió de luto y me repetía
constantemente:
-Si no fuera por ti yo me moriría. ¡Cómo quisiera
que fueras como tu hermana!
Siempre hice lo que ella quiso, estudié leyes como
ella me pidió. Finalmente me casé, no estuvo de
acuerdo y no sé porqué, era como si yo siguiera
viviendo con mis padres; todos los días iba a verlos y
pasaba la tarde con mi madre. Cuando me embaracé se enojó
mucho y me dijo:
-Para qué te embarazas, los hijos solamente causan la muerte.
Tenía cinco meses de embarazo y perdí a mí
bebé, estuve hospitalizada una semana entre la vida y la
muerte. Tres años después me embaracé nuevamente
y durante el parto estuve a punto de morir".
La principal promesa de Lilly estaba relacionada con la obediencia
total -promesa fuerte-, ya que uno de los deseos de la madre era
que Lilly se pareciera a la hija mayor que había muerto.
Mientras Lilly estuvo con la madre y no se casó cumplía
todo lo que la madre decía, pero al momento de casarse
la promesa principal: "Voy a hacer lo que tú digas...",
la rompió, ya que se casó en contra de la voluntad
de la madre, aunque por otro lado cumplió a medias la promesa
de cuidarla ya que diariamente la visitaba y convivía con
ella como lo hacía de soltera, pero al momento de embarazarse,
una vez más la madre la desaprueba, así que el Enemigo
Interior de Lilly toma ventaja del mensaje de la madre: "Los
hijos causan la muerte", y de la promesa de hacer lo que
la madre diga; así que intenta complacerla con uno de los
deseos de la madre: parecerse a su hermana mayor, poniendo así
su vida en peligro. Afortunadamente Lilly es una mujer con energía,
por lo que logra vencer a su Enemigo Interior evitando morir como
su hermana mayor a causa del embarazo.
Lilly continúa su historia:
Cuando mi hijo tenía cuatro años me divorcié,
mi esposo quería que fuéramos a vivir a otra ciudad
y yo me negué, él no quiso cambiar de trabajo y
yo no pude abandonar a mis padres, ellos me necesitaban, así
que me divorcié. Regresé a casa de mis padres y
más tarde compré una casita al lado de ellos, siempre
estuve cuidándolos.
Años más tarde mi madre enfermó del corazón
y desde entonces la atendí cuidándola. Cuando ella
murió, mi hermano me culpó diciendo que no hice
mi mejor esfuerzo para salvarla, eso no era cierto; la llevé
con los mejores especialistas pero nada podía hacerse.
A su muerte y dos años después estuve muy deprimida,
sólo tenía fuerza para trabajar, regresando del
trabajo me tiraba en la cama a dormir; no quería hacer
nada, poco después enfermé del corazón y
fui operada. Desde entonces siento que me muero.
Lilly se divorcia porque no podía vivir lejos de los padres,
sus promesas eran demasiado fuertes como para alejarse de ellos.
Cuando su madre muere, ella cae en una profunda depresión
ya que, al morir la madre, pierde su falso propósito de
vida. Otra promesa era estar siempre con ella y cuidarla para
que no muriera; al morir la madre el Enemigo Interior le acerca
la forma de estar siempre con ella: enferma del corazón
-por causas totalmente diferentes a las de la madre; según
dicen los médicos, fue a raíz de unas sustancias
químicas con las que Lilly, laboraba- es operada como la
madre. De acuerdo a la promesa el siguiente paso era morir para
estar con ella, como lo prometió. Es por esto que desde
que la madre muere Lilly siente que se muere.
Paulina: Sus relaciones sexuales desde el principio
del matrimonio comenzaron a ser dolorosas debido a que tenía
poca lubricación. A pesar de los tratamientos médicos,
el dolor siempre estaba presente.
-Cuando tenía diez años escuché que mi
madre decía a mi hermana, de 15 años, que los hombres
lo único que querían era sexo. Que las mujeres teníamos
que tener cuidado y que nunca hiciera nada malo de lo que pudiera
arrepentirse. Yo me prometí que nunca tendría sexo,
porque no quería ser mala.
Años más tarde, con el permiso de mis padres,
me casé tanto por las leyes civiles como por la iglesia.
Pero siempre me sentí mala y culpable después de
cada relación sexual. Sentía que estaba haciendo
algo malo y prohibido, me sentía sucia.
Constantemente tenía pequeñas infecciones vaginales,
problemas de lubricación. No dije nada a mi esposo porque
no quería ofenderlo, pero la verdad siempre lo culpé
a él, porque los hombres lo único que quieren es
sexo.
Ahora entiendo, las palabras de mi madre y la promesa me han hecho
sentir culpable, porque me prometí a mí misma que
nunca tendría sexo, de lo contrario sería mala.
Y como tengo sexo, entonces soy mala y me estoy castigando con
los problemas vaginales.
Promesas realizadas como adultos:
Abril 07.- Ben: Desde que mi madre murió,
hace 10 años, comencé a subir de peso, subí
50 libras; he visto todo tipo de dietas y no he podido bajar.
No me siento a gusto, a ella siempre le molestó que yo
estuviera en sobrepeso.
Mi madre adoraba a su hermana menor -Lucille-, era como su hija;
aunque estaba casada siempre se preocupó mucho por ella,
al parecer su esposo la maltrataba y mi abuelo decía que
su yerno sería la causa de su muerte. Creo que por eso
mi madre siempre vivió preocupada por Lucille.
Cuando mi madre estaba muriendo me pidió como una de sus
últimas voluntades que cuidara de Lucille. No tuvo objeción
de aceptar siempre he querido mucho a mi tía, es como mi
segunda mamá.
Durante muchos años Lucille y su esposo vivieron solos
pues únicamente tienen un hijo y éste estuvo fuera
del país. Así que decidí que lo mejor era
que ella viniera a vivir conmigo; su esposo era muy terco y mucho
tiempo se resistió por lo que estuve muy preocupado ya
que tenían casi 80 años y no había quién
los cuidara, además yo siempre viví a muchas millas
de distancia como para estar visitándolos constantemente.
No sabía qué hacer.
Agosto 19.- Lucille y su esposo finalmente vinieron a vivir
cerca de donde estoy ya que su hijo se mudó a esta zona
y aceptaron estar con él. Durante un tiempo estuve un poco
más tranquilo, los tuve más cerca de mí y
pude visitarlos con más frecuencia.
Noviembre 26.- ¡Finalmente le gané al viejo necio;
aunque sean sus restos logré que viniera conmigo ya que
ofrecí que lo enterráramos en la fosa familiar donde
están mis abuelos y mi madre, aceptaron porque él
amaba a mis abuelos. Al menos después de muerto está
conmigo. Inmediatamente intenté convencer a Lucille de
vivir conmigo, pues yo creía que su hijo no podía
atenderla.
Enero 08.- Ya puedo estar tranquilo, mi primo el hijo de Lucille,
se va a vivir fuera del país; la convencí que viniese
a vivir conmigo. ¡Estoy feliz!, me quité un peso
de encima, diez años intentando estar con ella, creí
que fracasaría.
Abril 05.- ¡Lo logré! Lucille vive conmigo...
Ahora estoy menos estresado y muy tranquilo, cumplí. Desde
que ella llegó cuida de mis alimentos y en tan sólo
tres meses he bajado 35 libras de peso.
Ben tenía una lista de promesas, las cuales fueron tratadas
por prioridades, motivo por el cual la promesa que describimos
fue revisada al final de su tratamiento, mas para fortuna de él
todo se acomodó a su favor para cumplirla.
La madre de Ben no aceptaba que su hijo tuviera sobrepeso, le
disgustaba mucho, por lo tanto cuando ella muere y él no
puede cumplir con la promesa de cuidar a la tía Lucille
comienza a subir de peso como una forma de castigo. Finalmente,
cuando Lucille, decide vivir con él, comienza a perder
peso rápidamente ya que al estar cumpliendo la promesa
deja de castigarse.
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