Damos gracias a Dios porque en este momento nuestras experiencias
emocionales y espirituales están siendo un éxito.
Gracias a nuestro amado Maestro Jesús y a los Ángeles
por guiarnos en esta transición, la más bella
que un ser humano puede experimentar: del dolor a la felicidad.
Y por el apoyo otorgado a esta bendita misión.
A los padres de Xavier: Olga y Agapito; a sus hijos Javier y
Fabiola. Así como a los padres de Rosario: Luis y Ma.
Isabel; a su hermana Pilar y a su hija Creel.
A todos damos las gracias por haber sido los proveedores de
las experiencias de vida que nos hicieron buscar y encontrar
lo que hoy compartimos con ustedes.
Es imposible mencionar a todas las personas que dejaron un hermoso
rastro de aprendizaje y amor influenciando nuestras vidas. Los
más cercanos por medio de su invaluable amistad, otros
por medio de sus obras literarias, escuelas y seminarios.
Agradecemos al Dr. Leonardo Cué, a la Sra. Ma. del Socorro
Pérez, al Sr. Carlos Castaneda y a los instructores del
Centro Regina.
Una mención especial a la familia Matoba y a nuestros
hermanos espirituales John y Richelle Parker, quienes han apoyado
esta misión desde el primer día que tuvieron contacto
con este conocimiento.
Así como al invaluable talento de Marcela Covarrubias.
A amigos y adversarios, a cada una de las personas que durante
nuestra vida compartieron tan sólo un momento, un día,
meses o años; su presencia ha sido un regalo de aprendizaje.
¡GRACIAS!, por habernos ayudado en esta experiencia de
vida.
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